2013-05-04

Enajenado.



Ser uno mismo.
Enajenado.

Hace unos meses decidí, por alguna razón, que Dios no existía. Lo unico que me detenía para hacerlo era la explicación de la vida. ¡Dios debió ser quién dio vida a la primera célula!. Me sentía capaz de explicar el origen de todo, menos el origen de la vida. Podía explicar los pecados y las “virtudes” que emanan de ellos. Sí, ¡podía explicarlo todo con ciencia y simple lógica!

Un día, comprendí que si tiraba un dado y jugaba al azar obtendría, por decir algo, un 5. Sólo era cuestión de lanzar el dado varías veces hasta lograrlo. Lo mismo sucede si lanzo 7 dados y juego a que los 7 dados me den un 5. Es probable que me tarde más en lograrlo, pero si me siento en una mesa universal por, digamos, un millón de años, lo lograré un día.

¿Qué tal que para que la vida existiera se tuvieran que reunir circunstancias tan complicadas como que la de que, al tirar 144,000 dados, todos me dieran un 5? Muy fácil, sólo debía esperar por millones de años (o quizás muchísimo menos), hasta que todos los dados, dieran un 5. ¡Listo! La vida se originó en algún momento por obra del azar y de un juego de prueba y error cósmico. Simple. No se necesita a Dios. No lo puedo ver, todo tiene una explicación, ergo Dios no existe.

Mi profunda inteligencia me permitió entonces andar por el mundo sin necesidad de Dios.

Mi caminar se volvió errático. Podía manipular a los que me rodean, podía jugar a ser dos o tres personas distintas. Usar distintas máscaras. Engañarme a los demás, sin notar que al hacerlo me engañaba a mí mismo. Caminé y caminé por caminos desconocidos, hasta lograr alejarme del centro, enajenado, me perdí.

Perdí a mi esposa.

El dolor de la perdida me arrastró por toda la mugre acumulada. ¡No la necesito!, puedo sólo. Sólo debo seguir caminando, dejar que la química de mi cerebro me traiga de nuevo la paz.

¡Pendejo!

Sólo encontré más dolor. Caí más y más.

Un día, escuché a alguien aconsejar a una persona que se estaba divorciando: -¡Agárrate de Dios! –¡Jajaja! ¡Qué tontería! ¡Si alguien te da ese consejo es porque estás de verdad jódido! Dios no existe. Entonces cuando te piden que te agarres de Dios entonces te están diciendo que estás sólo: Sólo. Sólo. ¿Me explico?: Sólo. Como un pingüino en el centro del desierto. Más sólo que el sol suspendido en la profundidad del espacio. Sólo.

Pues me tuve que agarrar de Dios. Para sobrevivir. Para poder respirar. Para soportar la locura en la que me había metido, para soportar el dolor de haber perdido a la única persona que ha estado junto a mí aceptándome como soy cuando ni siquiera yo me soporto a mí mismo.

¿Se imaginan al sol queriendo alejarse de sí? Negándose a sí mismo, abandonando su luz, para llegar a donde el vacío absoluto, la obscuridad y el frío reinan. ¿Se lo imaginan? Eso hice.

No fueron los dados. Fue Dios. Dios me dio la vida.

La falta de amor propio es la que me llevó a dejar de creer en Èl. ¿Cómo podía un Poder Superior amarme? ¿A mí? Mira hacia el cielo durante la noche. El universo es gigantesco, si el universo fuera la sala de mi casa yo sería más pequeño que el más pequeño de los granos de polvo debajo del sofá. Insignificante y innecesario. Inútil e impotente contra la sala, contra el universo. ¿Cómo podría el Dueño de la casa amarme?

¿Cómo podría amar a otra persona si no me amo a mí mismo?
¿Cómo puedo volverme a amar como cuando era un niño si ni siquiera me conozco?

No tengo aún la formula, no tengo el algoritmo, ni la solución. Sólo tengo un camino, el de amar a Dios y agradecer mi existencia, las condiciones de mi vida y el lugar que ocupo en esta maquinaría gigante llamada universo. Tal vez sea un grano de polvo estelar. Pero si no me amo a mí mismo no podré salir abandonar la sombre del sillón y brillar.

Amar a Dios y a mí mismo. Luego y al mismo tiempo amar a los demás como a mí mismo.

Estoy por amarlos mucho amigos, hermanos, padres, hijos, esposa, extraños y conocidos. Es cuestión de esperar unos segundos más. Estoy por brillar desde adentro y unirme al universo.

Sólo tengo que agarrarme de Dios.
 

FIN
 
Nota Pérez1: Sólo falta esperar un par de segundos más, para explotar.

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